Siempre pensó que morir por amor era el cliché más tonto y poco probable en el mundo, nunca lo creyó, pero cuando esa noche metió la llave en la cerradura no pudo creer lo que sus ojos veían, pestañeo rápidamente para entender aquella imagen que llegaba a su cabeza, no, esto no puede ser verdad, se dijo, no, esto no es cierto, y cayó de rodillas, mientras recordaba su día de mierda, su último día junto a ella, su luz, su vida y su muerte.
Se despertó a las 5:45 como acostumbraba, miró a su lado y la vio a ella y aún cuando ya llevaba 5 años en esa rutina, él seguía sorprendiéndose del milagro de tenerla. Para Isidora, no existía tal milagro, el milagro o desgracia más bien dicho por ella, era despertar cada mañana con la sensación de no ser digna de todo lo ocurrido en su vida. No entendía como su vida seguía con ella o sin ella, era como había leído por ahí, sólo se dejaba llevar. Y Pablo, idiota como él solo, hacía proyectos de vida, que deberían cambiarse a una casa más grande para que las niñitas jueguen, claro siempre y cuando convenciera a su amada Isidora de querer hacer a las niñitas, nunca comprendió porque ella encontraba el motivo para postergarlo todo, muchas veces pensaba que era porque tenía cosas mejores en mente y nunca entendió, pero sin embargo, él la seguía amando con esa locura de adolescente, con esa locura torpe y ciega.
El desgano siempre le ganó y se escudaba en su mudo y cobarde silencio, se dejaba amar y por lo menos alguien era feliz, hacía feliz a Pablo, que tontamente la ahogaba con su amor y aún así no la veía, no veía nada en ella, sólo lograba idealizarla y no hay nada peor que eso, que te idealicen y que te amen por algo que no eres y que nunca serás, se repetía una y otra vez, sin lograr hacer algo con aquel sentimiento, hasta ese día de mierda, logró calcular todo fríamente, pensó que el perfecto de Pablo iría a trabajar como siempre y la dejaría sola con sus pensamientos, sólo que esta vez todo sería distinto, ya harta de hacer feliz al mundo, decidió que hoy sería el final, así que cuando Pablo la beso tiernamente antes de irse, lo beso con la vida que ya no tendría.
Cuando llego a su oficina y se topó con la frase de ‘reducción de personal’ dijo adiós a sus sueños, adiós a las niñitas, adiós a la felicidad de Isidora, adiós a todo y bienvenido el titulo de ser una cifra más de cesantía en este puto país, a no ser por ese pequeño trozo de papel que estaba en el bolsillo de su chaqueta, “Inauguración nuevo casino … haga sus sueños realidad”, cuando se cierra una puerta Dios abre una ventana, se dijo con sus ojos esperanzados. No tenía nada que perder, su seguro lo cubriría los próximos meses si perdía todo su finiquito, además sólo debía saber cuándo retirarse y él, que toda su vida había sido practico, veía en esta la oportunidad de una locura medida, no lo pensó dos veces y empezó a manejar al casino.
Juntó todas las cartas de Pablo, aquellas que releía cuando su fe empezaba a fallar pero hoy era distinto, hoy no servían y sólo quería que desaparecieran junto con su torpe existencia, camino por toda su casa de muñecas, se detuvo en la cocina para tener el objeto acorde a la ocasión y se quedo en la sala de estar, tan blanca e iluminada como ella, todo estaba decidido, era el día en que todo acabaría ahí.
Apostó en el número 15 rojo, 15 porque era el día en que la conoció y rojo por el color de la boca que tanto le gustaba morder, Pablo era así, un idiota enamorado, práctico, pero idiota, en la primera apuesta perdió, en la segunda y tercera también, pensó en cambiar el número y aunque no creía en la suerte, adoraba ese número, siempre lo marcaba en su calendario por adelantado, ponía la alarma de su celular para que le avisara una semana antes de aquella fecha tan atesorada y hoy a pesar de la reducción de personal era 15, tanto destino junto no me va traicionar, se dijo y aposto todo al 15 rojo nuevamente, la ruleta no paraba de girar, cerró los ojos un momento, pensó en las niñitas, en la casa, en los próximos años y en la vida que quería realizar, cuando sus ojos se abrieron, la bolita estaba en el rojo 15, le pasaron unas cuantas fichas y dijo con aire del tipo cool que era, hay que saber cuándo retirarse, tranquilamente fue a cambiar las fichas, mientras en su interior gritaba de la alegría, gritaba por las niñitas, por su Isidora que seguramente lo esperaba tan linda como siempre, cuando le dieron el cambio se sorprendió de nuevo, porque no se había percatado que había ganado nada menos que un millón de pesos, ¡Un millón! se dijo, pero no flaqueo ni demostró emoción alguna, salió del casino y tomó la ruta más corta para llegar luego a casa.
Cuando cayó de rodillas descubrió que el puto 15 se reía en su cara, vio roja la alfombra que antiguamente era blanca y la vio a ella tendida en la alfombra, la miro tan linda como la recordaba; por momentos no alcanzo a formular ningún pensamiento coherente, trato de responder cosas que nunca supo ni sabría, mientras tanto, se acercaba a ella, por última vez beso sus helados labios, tomó aquello que tenía en su mano derecha, la miro tiernamente y supo que tenía que retirarse.

Tan perdida, vieja amiga...
ResponderEliminarWuau, no s´s porque esta historia me recuerda a mi.
ResponderEliminarUn abrazo.
abrazo,...
ResponderEliminara veces me siento como un pablo...otras como isidora....
ResponderEliminarseremos todos un poco de ambos?