miércoles, 5 de agosto de 2009

remember*

Hoy los vi, cerca de la plaza, él con su querida, ella con su trofeo y la falsa felicidad. Se me apretó el estomago, pero aún así los seguí. Entraron en un hotel y me quedé afuera, sigilosa, vigilando cada detalle de ese hotel. Y pasaron los minutos, las horas y yo, esperando, esperando de la nada un milagro.

Él nos olvido, olvido como eran nuestros viernes, las caricias silenciosas, el beso de cumpleaños, las noches enteras jugando, olvido todo y olvido nada.

El destino caprichoso nos junto en esta ciudad, la que tantas veces recorrimos juntos. Ya no lo conozco, ni él a mí, ya no somos nada, cuando antes, nos uníamos contra el mundo.

Mientras el atardecer comenzaba a aparecer los recuerdos bailaban en mi mente, como cuando me buscaste en el colegio para llevarme al cine, como cuando le compramos a mamá el bolso que ahora yo cargaba, tantos como, tantos recuerdos, tanta espera. Y yo ahí sin saber bien qué hacer.

No te diste cuenta cuando te vi, pusiste cara de asombro, la misma de hace diez años. Yo, con mis ojos casi ciegos, te miré o por lo menos traté y empecé a caminar hacia ti, el milagro sucedía y no quería perdérmelo, te hice señas y tú seguías con la cara de desmemoriado. Me exalté, traté de correr y caí, pero no dolió, porque lo único importante era verte de cerca, abrazarte y hacer que me recordaras, que nos recordaras, aunque fuera una última vez.

Te grité, y seguías sin entender, entré al hotel, ascensor, piso tres. Al llegar al piso no encontraba la puerta correcta, hasta que tú, tú, saliste de una puerta. No me reconociste, sólo miraste el bolso. Y te abracé, pero con un empujón me alejaste, me enrostraste una vez más que no me conocías. Aunque la verdad era, que era yo la que ya no te conocía, la que no reconocía tu mirada. Aguanté el llanto, te mire y te conté el detalle, te dije que aunque no lo comprendieras y aunque no lo recordaras la mamá había muerto. Tu querida salió de la habitación, te llamo y tú entraste con ella, como si no hubieras escuchado nada. Y quizás así fue, ya no lo recuerdo, creo que te olvide, ya no sé si eras tú o si sólo te confundí con alguien más. Ya no sé nada y lo sé todo, tú me olvidaste y por eso yo, ya te olvide.

7 comentarios:

  1. qué difícil no vivir como traición a veces la libertad del otro

    ResponderEliminar
  2. El olvido es algo tan difícil, cuando quieres olvidar es imposible y cuando quieres recordar ya lo olvidaste...

    ResponderEliminar
  3. hay que olvidar o pensar que era otro....

    la vida ... sus vueltas... sus hoteles...

    sus sentires...

    hay que buscar el verdadero amor...

    abrazo serrano y europeo

    ResponderEliminar
  4. mirando se continuas olvidada...

    abrazo serrano con chocolate

    ResponderEliminar
  5. dicen a veces que olvidar es una forma de demostrar respeto: a la persona que olvidas (y que por lo general pide olvido), y a uno mismo, que muchas veces por recordar mantiene viva ciertas heridas.

    Un tema complejo, y extenso además.

    Buen relato

    Mis saludos!

    (ex tierragramas)

    Hugo

    ResponderEliminar
  6. Me pasó algo extraño con tu escrito... me imaginé primero que sería una vivencia personal, pero mientras leía, pensé que también podría ser algo ficiticio, como un cuento o algo así.
    Si es lo primero... bueno, a respirar hondo y seguir adelante, aunque duela al principio. Nada peor que quedarse pegado.
    Y si es lo segundo, de verdad escribes bastante bien.
    Un abrazo!

    ResponderEliminar